Este singular paisaje ubicado en el Valle de los Molles asombra por lo curioso de su formación. Se trata dos grandes depresiones llamadas dolinas, que fueron erosionadas por ríos subterráneos dando origen a dos espejos de agua verde-turquesa, dos enormes huecos circulares de 300 y 265 metros de diámetro, con laderas que se desploman desde, aproximadamente, 90 metros de altura. Una pared delgada separa ambos espejos de agua. Junto a formaciones similares en Sudáfrica y Yugoslavia, el Pozo de las Animas es un espectáculo natural inédito.

Dos grandes cavidades con espejos de agua dulce al fondo constituyen lo que la leyenda ha dado por nombre el Pozo de las Ánimas. El lugar se puede visitar todo el año y es ideal para la actividad fotográfica, ya que presenta múltiples facetas según la hora del día y la estación en que nos encontremos.

Este fenómeno natural ha sido catalogado como un ojo de mar originada por la transformación de los depósitos subterráneos de terrenos blandos tales como el yeso que, por efecto de las filtraciones de las napas freáticas subterráneas, producen una disolución del suelo, formando derrumbes y depresiones del terreno, conformando grandes pozos de forma cónica y circular debajo de la superficie.

Al golpear el viento en las cercanías provoca un especial silbido grave que da origen a la leyenda que le dio nombre a esta curiosa y bella formación.

El primer pozo, frente al acceso, es una cavidad enorme con su proceso de erosión detenido en cuyas paredes se han ido fijando distintos vegetales. Su fondo está cubierto de agua y se pueden observar los constantes cambios de nivel del líquido a juzgar por las marcas que quedan impresas.

El segundo pozo, tanto por su tamaño como por los constantes derrumbes que se producen, es de características impresionantes. Sus paredes están cortadas casi a pique y dejan ver grandes piedras apenas colgadas y a punto de caer en las heladas aguas que cubren el lecho del pozo, donde es posible observar algunos patos, que parecen sólo puntos debido a la profundidad. 

CUENTA LA LEYENDA QUE…

Dos pueblos que habitaban de uno y otro lado de la Cordillera de los Andes mantenían una relación tensa cuando, en una ocasión, el pueblo del lado chileno (de costumbres aguerridas) estaba persiguiendo a un reducido número de pobladores de la zona de Los Molles. Ya era de noche y los perseguidos, advirtiendo que no se oían mas los gritos de sus enemigos, y luego de tomar recaudos por si se trataba de una treta de sus rivales, retornaron hasta sus moradas dando algunos rodeos. Al día siguiente, con las primeras luces, volvieron al lugar y comenzaron a oír algunos lamentos que les llamaron la atención. Con cautela continuaron avanzando y con gran sorpresa se encontraron con dos enormes pozos que se habían hundido bajo los pies de sus perseguidores, en el fondo se encontraban los cuerpos moribundos de sus enemigos. Sus gemidos asustaron a los observadores, quienes desde ese momento veneraron la formación que los había salvado dándole el nombre de “lugar en que lloran las ánimas”. Además la tradición regional sostiene que a este lugar van a rezar y llorar las almas que andan en pena por las montañas.

“Video tomade de Ruta0.com”

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