A lo largo de siete cuadras sombreadas por cientos de árboles, los visitantes pueden disfrutar de este histórico paseo diseñado por el General San Martín, que ofrece múltiples propuestas. Cafés, bares, restaurantes temáticos y la biblioteca pública, conjugan gastronomía, música, canto y poesía.

Uno de los mayores atractivos de este paseo se puede disfrutar los domingos, desde septiembre hasta abril, el Balcón de Tango. Los visitantes pueden tomar clases y, luego, ponerlas en práctica con música en vivo en una gran milonga.

Historia, arte y bohemia florecen en el Paseo Alameda

Generalmente se asocia el origen de este sector urbano al General San Martín, quien cuando fue gobernador de Mendoza dispuso pr

olongar el paseo, forestándolo con álamos traídos desde Europa. 

Sin embargo, el origen del lugar se remota más atrás en el tiempo. Al comenzar el siglo XIX La Alameda no existía como tal, pero sí el canal de riego conocido como Tajamar, en cuyo entorno estaba el arrabal de la ciudad fundacional. Había allí ranchos, cultivos y pulperías, donde se realizaban riñas de gallos y carreras cuadreras. 

En 1808 el Cabildo de Mendoza dispuso la creación de un paseo público. Tenía entonces una extensión de dos cuadras de largo con doble hilera de álamos a las orillas. Es en 1814 cuando San Martín, siendo gobernador intendente de Cuyo, amplía y embellece el paseo.           

A partir de entonces, La Alameda fue un lugar característico de la ciudad, donde concurría la nueva sociedad surgida de la Independencia y de las ideas republicanas. 

En 1861 el terremoto que destruyó totalmente a Mendoza, dejó también a La Alameda como un barrio en ruinas, lleno de escombros y vacío de sentido.

La Nueva Ciudad, con sus cinco grandes plazas y calles anchas, fue ubicada hacia el sudoeste. Es recién entre 1884 y 1887, en que se reconstruye el barrio La Alameda como un sector residencial. 

La Alameda está situada en un tramo de la arteria  más importante de la ciudad,  la avenida San Martín, y consiste en un recorrido peatonal forestado con grandes árboles, a cuya vera pasa entubado el antiguo Tajamar. 

A lo largo del siglo XX, el Paseo de la Alameda recibió, tres proyectos de transformación. El primero fue hacia 1912, cuando se le dio forma arquitectónica “a la francesa”, con plataformas, balaustradas, escalinatas y canteros centrales con palmeras.   El segundo se proyectó en las décadas del 30 y  40; expresando nuevos criterios paisajísticos  para los espacios públicos. El tercero, en 1978, siguió tendencias formales en boga entonces y desvirtuó la linealid

ad tradicional del paseo, por lo que fue muy criticado.  En 1.999 el municipio capitalino emprendió una nueva intervención, culminada en 2003,  dirigida a recuperar el Barrio de La Alameda de manera integral. Se utilizaron materiales de la zona, y así el paseo recobró su clásica imagen, a la que fueron definitivamente incorporados los kioscos de flores que ponen una hermosa nota de color al paseo.

Una bulliciosa Babel           

 

Una de las etapas más conspicuas  de La Alameda, y que no respondió a planificación alguna,  se dio a partir de 1900, en que se convirtió en una auténtica y bulliciosa Babel,  porque allí se instalaron numerosos comercios de los inmigrantes italianos, españoles, árabes y judíos, que conformaron ese ambiente especial, particular y distinto que aún conserva. 

Junto al comercio se desarrollan otros usos de tipo mixto: culto (hay edificios de distintas confesiones); educación (colegios) y vivienda, dando forma un entorno de múltiples matices. Allí está la Biblioteca General San Martín junto al Museo homónimo, construidos ambos sobre un solar que perteneciera al Libertador, donde se guardan y exhiben muchas de sus pertenencias. 

En los últimos tiempos, además, han surgido bares y restaurantes, muchos de índole temática, donde se han conjugado los placeres de la gastronomía con la música y el canto; el café con la poesía; el buen trago con la plástica en encantadoras galerías de arte.  Sus propietarios dicen que han apostado a la recreación de la cultura local, cuidando y promoviendo las raíces de la identidad mendocina.

También la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza se ha sumado a esta apuesta, poniendo en valor las vetustas construcciones que circundan el paseo; colocando gigantografías con pinturas de prestigiosos artistas locales y promoviendo actividades artísticas y culturales  durante todo el año que atraen a públicos de todas las edades, tanto mendocinos como turistas.

 

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